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El gobierno de Rafael Correa es el principal enemigo político de los trabajadores y el pueblo

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Durante todos estos años esta institucionalidad autoritaria –dictatorial- ha sido utilizada para reprimir al movimiento popular. Los más de 700 activistas y dirigentes sociales que han enfrentado y enfrentan procesos judiciales en su contra son un claro ejemplo, así como los más de 2 mil ecuatorianos encarcelados por participar en acciones de protesta en contra del gobierno.

Tomado del semanario En Marcha

Al cabo de casi una década de permanencia del correísmo en el poder se ha abierto en muchos sectores la compresión de que éste régimen no tiene nada que ver con posiciones políticas de izquierda y que no deja de ser más que otro proyecto político de la burguesía para afirmar su dominación de clase, aún cuando verbalmente intente mostrarse alejado de ésta.

Hemos asistido a una nueva experiencia de cómo la burguesía se mimetiza en función de las circunstancias existentes para asegurar y ejercer su dominio. La facción burguesa que ha controlado el gobierno ha erigido una institucionalidad autoritaria, policial construida con el propósito que vigilar, reprimir y aniquilar a sus enemigos políticos. Pero los hechos nos han demostrado que para la RC sus principales enemigos políticos son el movimiento popular organizado, la izquierda; y no la derecha o quienes Correa los califica como “pelucones”.

¿Por qué sostenemos esto? Durante todos estos años esta institucionalidad autoritaria –dictatorial- ha sido utilizada para reprimir al movimiento popular. Los más de 700 activistas y dirigentes sociales que han enfrentado y enfrentan procesos judiciales en su contra son un claro ejemplo, así como los más de 2 mil ecuatorianos encarcelados por participar en acciones de protesta en contra del gobierno. Las reformas al COIP han estado orientadas –entre otros propósitos- para penalizar acciones que antes eran consideradas como simples contravenciones. Estamos hablando, por ejemplo, el reclamar ante una autoridad, participar en una protesta callejera o paralizar la producción. A esos niveles no llegaron los gobiernos neoliberales, como tampoco pudieron establecer una legislación laboral de contenido tan antidemocrático como lo ha hecho éste, expresada por ejemplo en: la implementación de la renuncia obligatoria; la limitación del monto de las utilidades de los trabajadores; por enmienda constitucional los nuevos trabajadores públicos no pueden ser parte de los sindicatos y, por lo tanto, no tienen derecho a contrato colectivo; anulación, en los hechos, del derecho de huelga.

A la par de ello, el gobierno trabajó por dividir al movimiento social organizado para constituir una fracción corporativizada a su servicio: creó una central de trabajadores (CUT) que, aunque no es más que un aparato burocrático, ha sido utilizada como instrumento propagandístico y para el chantaje desde el Ministerio de Relaciones Laborales; trabajó por la división del magisterio, creó la Red de Maestros por la Revolución Ciudadana y luego ilegalizó a la UNE (recuérdese que una medida similar la tomó la última dictadura militar de los años 70); ha cooptado algunos colegios de profesionales; ha dividido la Federación de Estudiantes Universitarios y ha trabajado por hacer lo mismo con la Federación de Estudiantes Secundarios y con varias organizaciones del movimiento campesino e indígena e incluso ha desconocido directivas de los sindicatos. Ninguna de estas acciones fue tomada para enfrentar la “resistencia” de la burguesía a la revolución ciudadana, sino para luchar en contra del movimiento sindical y popular independiente, clasista y revolucionario.

De manera sistemática también, los dirigentes populares y de los partidos y movimientos de izquierda han sido objeto de ataques verbales y campañas de estigmatización encabezadas por el propio presidente Correa. ¿Alguien recuerda una ofensiva de esa naturaleza impulsada en el pasado? No pretendemos decir que éste gobierno ha inaugurado una acción en contra del movimiento popular, las organizaciones de izquierda y sus dirigentes; todos los gobiernos lo han hecho porque los han visto como un estorbo y hasta un peligro para su ejercicio gubernamental, pero es un hecho cierto que este gobierno pseudo revolucionario ha llevado estos ataques, esa represión a niveles antes no vistos.

No ha ocurrido así, en cambio, respecto de quienes Correa califica como pelucones. Ningún banquero corrupto responsable del feriado bancario ha sido encarcelado, ningún funcionario de gobiernos anteriores responsables de contratos fraudulentos que han afectado al Estado, que contrataron deuda externa ilegal, etc. han sido siquiera juzgados y menos sancionados, el combate a los “pelucones” y a los políticos burgueses de oposición no ha dejado de ser esporádico y no pasa del ámbito verbal. No es complicidad, ha defendido a sus hermanos de clase, porque este gobierno representa los intereses económico-políticos de la burguesía y del capital financiero imperialista, como lo han hecho sus predecesores, aunque tengan estilos y mecanismos distintos para hacerlo.

El correísmo ha instaurado el régimen más exitoso de la burguesía de los últimos años en tanto ha logrado aplacar la lucha de las masas, afectar ideológica y políticamente al movimiento obrero y popular, a sus instancias organizativas y sus manifestaciones de expresión pública; ha ejecutado políticas que la burguesía neoliberal intentó pero no pudo hacerlo en el pasado por la resistencia y lucha de las masas, que en esencia implican garantizar a la burguesía mayores niveles de explotación capitalistas y la configuración de un Estado más eficiente para la cohesión y coerción social, es decir para el control de la población y la estabilidad capitalista.

A esa facción burguesa que intenta mantener el ejercicio político estatal debemos cerrarle el paso y la coyuntura política –que ha sido analizada en ediciones anteriores- no nos brinda otra alternativa que hacerlo favoreciendo con el voto a Guillermo Lasso. Hacerlo así, en realidad, significa continuar llevar la lucha contra el enemigo político principal del movimiento popular en el terrenos de las elecciones y ahí propinarlo una derrota. Tras esa derrota los combates de los trabajadores y los pueblos deberán continuar porque no tenemos confianza en quien tome el relevo.

http://www.pcmle.org/EM/spip.php?article8059

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