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Así, calladiiito… por aquello del “silencio electoral”

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Si hay algo que debemos cuestionarle al periodismo tradicional es su deficiente trabajo en la cobertura de la campaña. Los "grandes medios" no permitieron a los ciudadanos conocer a los candidatos en todas sus dimensiones; promovieron el baratillo demagógico de ofertas, tanto que, como en subasta, algunos presidenciables aparecieron a ofrecer casas gratis, más bonos y tarifas cero en los servicios básicos, millones de empleos, y hasta volvimos a traumas medievales como la pena de muerte, y el entregar al Estado a la profesión de fe de una de las iglesias existentes en el país.

Por: Franklin Falconí 

Si hay algo que debemos cuestionarle al periodismo tradicional es su deficiente trabajo en la cobertura de la campaña. Los "grandes medios" no permitieron a los ciudadanos conocer a los candidatos en todas sus dimensiones; promovieron el baratillo demagógico de ofertas, tanto que, como en subasta, algunos presidenciables aparecieron a ofrecer casas gratis, más bonos y tarifas cero en los servicios básicos, millones de empleos, y hasta volvimos a traumas medievales como la pena de muerte, y el entregar al Estado a la profesión de fe de una de las iglesias existentes en el país.

Debate ideológico: CERO. Conocimiento del perfil (no simples biografías) completo de los candidatos: CERO. Dejaron pasar de agache a los candidatos a vicepresidentes de la república, ninguno compareció como se debía ante los medios, es más, uno de ellos simplemente fue ocultado, enmudecido, pues se vio envuelto en graves acusaciones de corrupción, y a su partido político no le convenía que apareciera a responder.

Por supuesto que hay honrosas excepciones, sería injusto e irreal no reconocerlo. Pero es obvio que ese deficiente rol del periodismo nacional, no es por ausencia de claridad en lo que se debía hacer, ni falta de capacidades profesionales y técnicas, tiene que ver con las relaciones de poder en las que se mueve, los intereses de clase desde los que actuaron los medios. Solo había que ver los noticieros de los canales controlados por el Estado, los que se dicen públicos y los incautados... fueron verdaderos panfletos verdeflex.

Algunas empresas privadas, en sus notas sobre los recorridos de los candidatos en provincias, hacían hablar más y mejor a sus favoritos (la magia de la edición), y los sobredimensionaban con el conveniente gran plano general, o con el plano general corto, según convenga. Ocultaron deliberadamente grandes expresiones de respaldo, masivas y ocurridas en todo el país, de uno de los contendores; hay que decirlo: a Paco Moncayo y al Acuerdo Nacional por el Cambio solo les quedaron las redes sociales para mostrar un fenómeno que no veían los analistas en esos medios: la necesidad de la gente de apostarle a un cambio verdadero.

Los “grandes medios” hicieron lo suyo en la estrategia política de la derecha: denunciar la corrupción y ligarla, lo más posible, a la adscripción del gobierno a un supuesto modelo “socialista”, o “comunista”, cuyo eje está en Venezuela. Mostrar a la ortodoxia neoliberal como la única opción, como la alternativa para recuperar lo que, para ellos, antes de esta década estuvo bien.

¿La corrupción? Sí, ¡claro que hay que denunciarla y combatirla!, y por supuesto que sí es cierto que en este gobierno este fenómeno ha tomado dimensiones impresionantes, las más graves de la historia. Pero no se debe al “modelo socialista” o “comunista”, porque lo que el Ecuador ha vivido en esta década ni de lejos se acerca a esos sistemas que las ciencias sociales (las dialécticas-materialistas) han identificado como etapas superiores de desarrollo. Que este régimen no es socialista, y menos comunista, lo atestiguan las gordas cuentas de los banqueros y de algunos grupos económicos aliados al gobierno, y la cada vez más crítica situación de los trabajadores y pueblos, convertidos en enemigos principales; criminalizados, perseguidos y encarcelados. Lo atestigua la vivita y coleante matriz productiva extractivista primario-exportadora. En fin, lo atestiguan miles de cosas más.

Por otro lado, qué triste resultó mirar la construcción simbólica de un candidato, aprovechándose de la gran condición humana de los ecuatorianos; un candidato vestido de bonachón, que trataba de convertir en fortaleza electoral la dulzura que inspiran las personas con discapacidad, aunque nada tenga que ver su calidad de vida con la que tienen miles de ecuatorianos y ecuatorianas que además de su discapacidad son pobres, y no tienen oportunidades de productividad y empleo. A él le pagan diez mil dólares por sus charlas, en las que dice estar preocupado por entender la física cuántica. Y le pagan por representaciones a nivel internacional que nadie le dio en las urnas.

Un candidato que oculta su mediocridad en retórica metafísica y liviana, que le huye al debate con justificaciones graciosas, como aquella de que él prefiere el diálogo; y que cuando estuvo frente a sus contendores para dialogar, tembló, sudó, tartamudeó, necesitó una manito de Rafa a través del twitter...

Un candidato que insultó la inteligencia y dignidad de los ecuatorianos, entrando con fuerza en la dinámica de la oferta demagógica más descarada. Un candidato que, todo el mundo lo dice, trata de darle ganando la presidencia de la República al binomio que habíamos dicho fue ocultado deliberadamente y que, en su única comparecencia ante la prensa para responder por las acusaciones en su contra, ni siquiera respondió a las preguntas de los periodistas.

¿Y los neoliberales? Resulta que se volvieron patriotas y humanos… Qué risa. ¿Se volvieron progresistas? Había que oírles a Lasso o a Viteri hablar de derechos de los y trabajadores… Tan auténticos como sus tintes de cabello o su maquillaje, tan naturales como su fotoshop en los afiches.

Como periodista, y sobre todo como ecuatoriano que se estremece por lo que podría ocurrirle al Ecuador si el domingo votamos mal, propongo lo que en mi opinión está en juego este domingo:

El domingo está en juego:

- Quedarnos en el pasado (que es el presente) de corrupción, que tanto daño nos ha hecho como país, no solo en el ámbito económico, pues cada dólar sustraído por los corruptos significa menos posibilidades de escuelas, colegios, universidades, hospitales y obras de infraestructura, sino también en el ámbito cultural. Es peligroso que en las nuevas generaciones se afirme la idea de que la corrupción es consustancial al ejercicio del poder, porque ello las alejará cada vez más de la política, de la preocupación por los problemas nacionales. Y afirmará el control de las élites.

- Elegir no un presidente, sino el gerente de un nuevo y gigante banco, llamado Ecuador, del cual intentará ganar lo más posible, así sea a través de feriados bancarios como el de 1999, pues eso hace un “emprendedor”, como se califica el candidato banquero.

- Absolver de culpas del pasado a un partido como el socialcristiano, cuyo gobierno, al mando de León Febres Cordero, persiguió, asesinó y desapareció a ecuatorianos como los recordados hermanos Restrepo. Entregarles el Ecuador en calidad de nueva hacienda, en la que rugirá el cachorro de León.

- Declararnos ovinos por siempre, movilizarnos por sanduchitos. Aceptar que deban decirnos qué pensar y qué no, qué decir y qué no. Aupar a esa nueva élite, o casta, al estilo de la sociedad piramidal de Paltón, como los césares que lo saben todo, a los que hay que alagar todo el tiempo. Convertir a la meritocracia en una nueva expresión de canibalismo social, en donde el pez grande se come al pequeño, el más fuerte sobrevive. Donde haya ecuatorianos de primera, de segunda y hasta de tercera; clasificables, evaluables todo el tiempo, y desechables…

O….

VOTAR POR TODO LO CONTRARIO A LO ANTERIOR.

Votar por la honestidad, la seriedad y el patriotismo comprobados. Si hay un candidato que ha demostrado tener las agallas para ponerle el pecho a las balas por la defensa de su patria, ese es Paco Moncayo.

Por el alto espíritu democrático, expresado en la construcción, durante este período, de un Acuerdo Nacional por el Cambio, en el que están las organizaciones populares que han luchado históricamente por un Ecuador incluyente y democrático.

Votar, como decía Paco Moncayo en uno de sus discursos: “¡POR USTEDES MISMOS!”, porque la principal oferta de Moncayo es tan básica y profundamente significativa que ningún otro candidato la podía hacer: “¡JUNTOS ESTAREMOS MEJOR!”

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