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Lenin Moreno no le asegura un triunfo al correísmo

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La candidatura del Gral. Paco Moncayo, promovida por el Acuerdo Nacional por el Cambio, es la que más puede crecer dentro de ese 63% de ecuatorianos que aún no decide su voto, pues, éstos han permanecido en esa actitud aún cuando las principales fuerzas de derecha y el Gobierno han presentado ya sus opciones electorales. 

por Guido Proaño A.

Con el arribo de Lenín Moreno a nuestro país la campaña presidencial de Alianza País prácticamente dio inicio. La enorme inversión efectuada en la promoción de su arribo y en el montaje de la concentración al sur de Quito es una muestra  de que las arcas del movimiento de gobierno rebosan de dinero y que la crisis no llega a esos niveles. 

El discurso de Moreno mostró la pauta de lo que será el contenido de su campaña: una supuesta actitud conciliadora, aparentes críticas a determinados problemas del país y, sobre todo, defensa de la gestión gubernamental.

Habló de tolerancia, que viene con la mano extendida para todos los que quieran dialogar. Ofrecimiento no creíble al ser abanderado en la defensa de un régimen que ha mostrado hasta la saciedad su intolerancia. Es común en los gobiernos autoritario que,  para asegurar su continuidad, en determinados momentos morigeran el discurso y llaman a la conciliación; una vez conseguido el propósito extienden la mano con el garrote.

“Vamos por cuatro años más de Revolución Ciudadana y en una sola vuelta” subrayó Moreno, aseveración que también es un recurso propagandístico para entusiasmar a sus partidarios y engañar a la gente. Moreno no tiene asegurado su triunfo y menos en una sola vuelta.

Perfiles de Opinión –que en sus estudios da resultados más altos a los candidatos del Gobierno que las otras encuestadoras- hizo conocer que en su última investigación, realizada en septiembre, la intención del voto a favor de Lenín Moreno es del 49%.

Aparentemente, con ese porcentaje el Gobierno tendría ya el triunfo en sus manos. Pero, el mismo estudio arroja que un 63% de ecuatorianos aún no ha decidido por quién votar. De esa forma, el 49% de Moreno en realidad representa un 16,2% del total.

Para Moreno, y en general para el Gobierno, esa cifra es preocupante, porque la mayoría de ese alto número de indecisos espera que desde la oposición surja un candidato que brinde la suficiente confianza para votar por él o ella. ¿Por qué desde la oposición? Porque tras casi 10 años de correísmo, si éste contara con sólidas bases de apoyo el porcentaje de votantes a su favor en este momento sería más alto, aún si no estuviera claro su candidato. Pero este no es el caso, pues, la medición se la hizo en estos días, en los que prácticamente el país entero conoce que la candidatura de Moreno es un hecho y los partidarios del régimen no tienen otra opción.

Es verdad que las encuestas no son más que una fotografía del momento y, por lo tanto, no dicen todo ni tienen la última palabra, pero sirven como elementos referenciales y nos pueden mostrar tendencias, dependiendo cómo se mueven las cifras. La oficialización de la candidatura del General Paco Moncayo, de hecho, debió cambiar los números, como ocurrió en su momento con la medición a Cynthia Viteri; cuando se hizo público que sería candidata a la presidencia sus índices subieron en relación a cuando solo era “un nombre” en juego.

La incursión de Moncayo como candidato mueve notablemente el tablero electoral, aún más tras la decisión de Unidad Popular, Pachakutik y varias organizaciones sindicales y populares de apoyarle, convirtiéndole en la candidatura única del centro-izquierda, fenómeno inédito en el país que merece mucha atención, pues, por sí, genera expectativa.

Esta candidatura, promovida ya como propia del Acuerdo Nacional por el Cambio, es la que más puede crecer dentro de ese amplio número de ecuatorianos que aún no decide su voto, pues, han permanecido en esa actitud aún cuando las principales fuerzas de derecha y el Gobierno han presentado ya sus opciones electorales.

Varias estudios de opinión muestran que la mayoría de ecuatorianos políticamente se identifican con las posiciones de centro y de izquierda. El Acuerdo Nacional por el Cambio ha tenido la habilidad de agrupar a todas las organizaciones que cubren o actúan en esos andariveles políticos y, a la vez, de presentarse como exponentes de esas posturas políticas. Su candidato, el Gral. Moncayo, proyecta justamente la naturaleza de la propuesta del ANC y tiene la capacidad para capitalizar a esos votantes.

Mientras esa es la tendencia en la centro-izquierda, las posibilidades de crecimiento del candidato del correísmo, Lenín Moreno, son menores; inclusive, la candidatura del ANC puede captar votos en sectores que continúan desencantándose del Gobierno y que no irían tras las candidaturas de la derecha.  No hay que perder de vista que por sobre el 70% de ecuatorianos esperan que se produzca un cambio y los índices de apoyo a la gestión gubernamental –de la que Moreno es un continuista- se encuentran en los niveles más bajos.

El Gobierno desde hace meses ha trabajado y trabaja por presentar como su contradictor a Guillermo Lasso, calculando los límites de su crecimiento y con el propósito de polarizar la contienda electoral entre un candidato que representa al pasado neoliberal y el que representa a la denominada revolución ciudadana. Pero la candidatura de Moncayo trastoca la estrategia gubernamental puesto que se erige como alternativa ante la derecha correísta y la que actúa fuera del Gobierno, no representa el continuismo neoliberal ni el continuismo correísta, encarna una propuesta política en capacidad de enfrentar la crisis del país desde auténticas posiciones populares y soberanas, por ello está en capacidad de capitalizar la adhesión de un sector más numeroso que el que ahora apoya al Gobierno. Por ello, es un sueño pensar que en estas elecciones habrá una sola vuelta.

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