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Terrorismos a granel

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chomspor Dr. Jaime Idrovo Urigüen

 

La Sra. Marine Le Pen, dirigente y futura candidata a la Presidencia de Francia por el Frente Nacional, partido de corte racista y declarado de extrema derecha, dijo hace pocos meses que el problema de la migración africana hacia Europa se resolvía con “tres meses de ébola” en ese Continente, al tiempo que calificó a los ecologistas de “fascistas verdes”.

Pues bien, el ébola se instaló o le dieron instalando en algunos países de África, y si bien tuvo su período de punta, por ahora, sus efectos parecen disminuir, sin que por ello cese la amenaza, que de tener la fuerza que quisiera el Frente Nacional, por la cercanía de Europa a las costas africanas, sería la primera en sufrir un contagio masivo de incalculables consecuencias. No olvidemos que muchas de las pandemias que ha sufrido el viejo continente en los últimos setecientos años, tuvieron su origen en el África o Asia, producto de las invasiones y la injerencia política y económica en esos espacios, a donde fueron sin nunca ser invitados.

Capítulo seguido, el Parlamento Europeo y los países alineados en el llamado primer mundo, acaban de institucionalizar todo un cuerpo jurídico para castigar los delitos por “terrorismo ecológico”, que de ninguna manera apunta a las grandes empresas encargadas de la destrucción planetaria. Todo lo contrario, puesto que está dirigido contra aquellos luchadores y luchadoras que se oponen a la instalación de nuevas plantas nucleares en Europa, así como también, a la masacre ecológica que propician las transnacionales petroleras, mineras, madereras etc., en todos los rincones de este sobre explotado planeta; mientras que, las mega compañías, siempre camufladas, operan apoyadas incondicionalmente por gobiernos corruptos de toda laya.

Por lo mismo, la doble moral y el discurso con palabras huecas se ha convertido en el lenguaje con el que se ordena la conducta de los países y pueblos sometidos a los grandes intereses, principalmente económicos de las potencias hegemónicas. Sus voceros, bien pagados e incondicionales: los terroristas informáticos, no vacilan en calificar también de terroristas a quienes defienden la vida, mientras que los primeros, comprendida madame Le Pen, se proponen salvar al mundo de toda amenaza contra el progreso capitalista y la estabilidad democrática del mundo neo globaliberalizado.

Por lo mismo condenan a Irán y Corea del Norte, simplemente por desarrollar sus propios programas nucleares, independientemente de su control, acusándoles entonces de terroristas y de manipular esta energía de manera poco técnica. Punto en el que vale revisar cifras sobre el arsenal que guarda la primera potencia militar y terrorista del mundo, así como su gran experticia en la materia:

Los USA han producido y guardan hasta la fecha, 70.000 armas con ojivas nucleares, que no fueron fabricadas por simple distracción científica ni para mostrar de manera subliminal, su incalculable poder destructor sobre toda la humanidad. Igualmente, sus técnicos han fracasado en los, por así decirlos “accidentes nucleares” de Carolina (1961), Kansas (1968) y, durante los sucesos producidos por la intervención de un hacker en el 2010, que pudo tener consecuencias devastadoras, en un amplio territorio de ese país. La ex Unión Soviética tampoco se salva, porque cuando de memoria se trata, regresan con espanto las imágenes de Tchernobyl. Otros países europeos como Francia, también tiene rabo de paja. En fin.

Debiendo concluir que en nuestro Ecuador, tampoco son simples accidentes las coincidencias que en el marco de tratar, jurídica y políticamente a los ecologistas y todos aquellos que luchan por una sociedad justa, sana y en contacto directo con un medio ambiente saludable, también se les trate de terroristas y se les persiga y encarcele como a verdaderos criminales, cuando los representantes de las transnacionales mineras se pasean por las altas esferas del poder político, como los profetas del progreso neoliberal; aunque ello no empate para nada con el concepto del buen vivir, tan decantado por el “correismo”. 

 

 

 

 

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