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Venezuela: La derecha conspira mientras el gobierno no soluciona los problemas del pueblo

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imageTomado: Semanario En Marcha 

Los sectores más reaccionarios de la derecha venezolana intentan aprovechar el descontento existente en un amplio sector de la población para fraguar acciones desestabilizadoras y golpistas, monitoreadas desde el imperialismo estadounidense. El gobierno venezolano debe radicalizar el proyecto político, adoptando medidas que en realidad golpeen el poder de la burguesía y recuperen la confianza de los trabajadores, la juventud y el pueblo.

Venezuela vive días difíciles, la agitación social es grande y el motivo de la convocatoria a las movilizaciones que iniciaron a propósito del Día de la Juventud pasa a segundo plano cuando se penetra en el análisis de una realidad económica, social y política crítica, que se agudiza a medida que pasa el tiempo y el gobierno de Nicolás Maduro da muestras de incapacidad (política y personal) para encarar esos problemas.

Los acontecimientos son conocidos: masivas movilizaciones convocadas en varias ciudades tanto por la oposición como por el chavismo; enfrentamientos violentos entre manifestantes y de opositores con la policía; instituciones y oficinas estatales apedreadas y vehículos incendiados; tres fallecidos, cerca de setenta heridos y más de un centenar y medio de detenidos.

El gobierno se apresuró en calificar a las protestas como el intento de un grupo fascista por consumar un golpe de Estado, similar al que se produjo en abril de 2002 en el que actuó de manera coordinada toda la derecha. Sin embargo, esa forma de mirar las cosas no permite entender autocríticamente lo que en realidad ocurre y separar el real descontento existente en un importante sector de la población y el aprovechamiento que de él intenta hacer el sector más reaccionario de la derecha, vinculado a los planes políticos del imperialismo yanqui. Hoy por hoy, los sectores más reaccionarios apostaron a provocar un escenario de crisis en el que puedan fraguarse acciones desestabilizadoras. Leopoldo López, del partido Voluntad Popular (integrante de la Mesa de Unidad Democrática), es una de las cabezas de ese proyecto.

Tras década y media de “revolución bolivariana” el poder económico de empresarios y banqueros es enorme y viejos problemas de la economía venezolana no han sido superados, algunos de los cuales se agudizan. En todo este período no se ha desarrollado el aparato productivo, al punto que debe importarse hasta papel higiénico y existen problemas con el abastecimiento de productos fundamentales como arroz, azúcar, aceite, carne. Por supuesto, en ese escenario actúa también el boicot empresarial, pero sería un error responsabilizar exclusivamente a éste.
Realidad que muestra los límites políticos de la “revolución bolivariana” que no golpea a fondo el poder de las clases dominantes ni rompe con la dependencia del país a la renta petrolera.

Medidas sin perspectiva

Para conjurar algunos de los problemas existentes, hace pocos días Maduro anunció la adopción de 18 medidas que, en esencia, no apuntan a lo medular de los problemas estructurales existentes. Ocho de ellas establecen fusiones de ministerios, programas y anulación de organismos, cambios, remoción o nombramiento de funcionarios; dos se encuentran orientadas a controlar el circulante de divisas y su precio oficial en el mercado: otras que podrían incidir en la distribución comercial (un elemento positivo es el establecimiento de la tasa de ganancia máxima comercial en el 30%); y, el resto no son más que generalidades.

Algún analista venezolano (no de la oposición) las calificó, frente al rentismo petrolero, equivalentes a un “empaste dental en una dentadura seriamente cariada”.
Mientras tanto los trabajadores miran cómo sus salarios pierden poder adquisitivo en los mercados y cómo ha surgido una casta de nuevos ricos, a los que se los conoce como los “boliburgueses”. Para entender la magnitud del problema basta mirar que el año anterior terminó con una inflación record del 56,1%. Aunque una de las medidas recientemente adoptadas busca evitar la especulación (control de una de las bandas del precio del dólar), lo cierto es que incidirá como factor inflacionario.

Mientras problemas como estos persistan en Venezuela, la derecha tendrá espacio para manipularlos y conspirar contra el gobierno, lo que repudiamos enérgicamente. A Nicolás Maduro y al chavismo en general no les queda otra opción que radicalizar su gestión gubernamental: aplicar un programa que en realidad afecte el poder de los grupos económicos que se enriquecen explotando el trabajo de la clase obrera venezolana y especulando con el capital; desarrollar el aparato productivo para alcanzar soberanía productiva y comercial; apoyarse en los trabajadores de la ciudad y el campo en todo momento y acción; y, apartar a los elementos corruptos que se aprovechan de un proceso político labrado por el pueblo.

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