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La Revolución Bolchevique: 94 años, actualidad y necesidad

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El Partido Comunista Marxista Leninista de Venezuela ha hehco público el siguiente artículo al cumplirse  los 94 años de la revolución de octubre, esta orgnización señala que los proletarios de todos los países deben seguir el ejemplo glorioso de aquellas jornadas en las que los obreros “tomaron el cielo por asalto”.

 

Introducción

El presente artículo no es una descripción cronológica de los acontecimientos de la Revolución de octubre, puesto que consideramos que ya existe suficiente material de ese tipo en publicaciones de partidos hermanos. Lo que nos proponemos es marcar la importancia, la relevancia de la Revolución Bolchevique y la vigencia que tienen las ideas marxista-leninistas en nuestra época. Nuestros días están marcados por la agudización de las contradicciones entre capital y trabajo, por las contradicciones interimperialistas y por las contradicciones entre países imperialistas y países dependientes.

Tal situación es planteada por Stalin en los fundamentos del leninismo, lo que nos hace concluir, sin dudas, que el origen de los procesos revolucionarios y de democracia popular que se vivieron en Europa del Este y otras zonas del planeta está más vigente que nunca. El imperialismo está en un callejón sin salida, las condiciones objetivas para la revolución se encuentran a un tope histórico de mayor envergadura debido al increíble crecimiento de las fuerzas productivas en las últimas décadas del siglo pasado y principios del actual.

Los medios de comunicación social (mass media), como agentes ideológicos de las clases dominantes, hacen esfuerzos desesperados por atacar y declarar muertas las ideas del marxismo; gobiernos de corte fascista como el dúo Putin-Medvedev en la actual Rusia imperialista, luchan de forma desesperada por tachar de asesino al camarada Stalin, incluso falsificando documentos históricos, plasmando con sellos la firma de Stalin en supuestas órdenes de asesinatos que nunca existieron. Con esto, sin dudas no tratan de atacar la personalidad de José Stalin solamente, sino también que va mucho más allá, contra la ideología y las banderas del marxismo leninismo que levantó con tanta dignidad el camarada José Visarionovich.

Sabemos toda la importancia que tuvo la obra de Stalin en el desarrollo industrial de Rusia, en la construcción del socialismo, bajo su mandato y del partido y el poder soviético en general, se sentaron las bases de lo que es industrialmente la Rusia de hoy (teniendo en cuenta que el nivel industrial de Rusia actual, no está ni cerca al de los años 80´s). Junto a todo el desarrollo que se logró en esas importantes décadas de socialismo, están los inmensos logros sociales. El reclamo de estos beneficios conquistados en la época de Stalin y hoy limitados, derogados y violados por los organismos capitalista-estatales, es lo que causa terror a los demócratas burgueses que gobiernan a Rusia. Saben ellos que de no atacar la gesta socialista soviética se verían en graves aprietos con los trabajadores rusos. Esa clase obrera que mantiene un potencial extraordinario, por eso, la clase obrera rusa es una bomba de tiempo que tiene a los capitalistas corriendo de un lugar a otro alarmados, más conociendo la historia combativa de los obreros que instauraron el primer estado socialista, el estado de los soviets y fueron (obviamente siguen siendo) gran ejemplo para la humanidad.

Pero la situación revolucionaria no sólo se vive en Rusia, sino en gran cantidad de países golpeados por los efectos de la crisis burguesa. Los eslabones más débiles de la cadena imperialista se encuentran en una coyuntura política realmente agitada, sobre todo en las economías más vulnerables de Europa.

Los hechos del pasado, muchas veces se estudian como un recordatorio cronológico, cuando más, como cultura general; la certeza de no volver a vivir situaciones similares es algo cotidiano en la historia, tal y como la conocemos. ¿Quién podría pensar en un nuevo Napoleón o un Robertspierre devolviendo la grandeza a la burguesía, junto a una nueva y enriquecida edición de “el contrato social” de Rousseau?, pensar en ello sería descabellado y retrógrado debido al hecho de que la burguesía está agotada como clase. Sin embargo, cosa muy distinta ocurre cuando analizamos la revolución rusa, su contexto y su importancia para los tiempos actuales y muy importante, con el método científico del materialismo histórico, donde no son las individualidades que hacen la historia sino las masas.

 Aclarando esto, podemos analizar el actual modo de producción burgués, que en la época de la revolución Rusa (y mucho antes), había pasado a una nueva etapa llamada imperialismo y que Lenin llamaría con acierto “fase superior y última del capitalismo”. La naturaleza del imperialismo en nuestros días es la misma que la de 1917, descansa sobre la explotación de la clase obrera y representa la dictadura mundial de los monopolios. Por tal razón, la lucha revolucionaria de los obreros contra el capitalismo no es un sueño sino una necesidad, una continuación a escala superior de la gesta de los obreros rusos y, esto se debe a que los males de la Rusia del siglo pasado son los mismos que los de cualquier país de nuestros días. El imperialismo es una cadena mundial de opresión y la manera de acabar con él es por la vía de la violencia revolucionaria con el método del Marxismo Leninismo.

Poco más de 20 años hace que cayó la Unión Soviética, la burguesía celebraba con airada alegría. En el norte, Francis Fukuyama proclamaba el fin de las ideologías y de la historia. El comunismo era declarado muerto y de ahora en adelante lo único que determinaría el avance del mundo eran las tecnologías, el libre mercado. Un “nuevo orden mundial” decretaba que el comunismo era un mal superado y que no se repetiría un fenómeno de ese tipo.

Este idealismo desbordante de la burguesía, pronto bajó de las nubes y pisó tierra firme. En la Alemania Oriental, las empresas sociales eran absorbidas y llevadas a la quiebra por los monopolios privados de la Alemania Federal, mientras la salud, la educación y todos los servicios que durante la era soviética eran para beneficio del pueblo, ahora eran privatizados; en Rusia ocurría lo mismo. Este corto período dio una sensación de relativo auge al capitalismo puesto que, el gran mercado ruso se abría a la inversión de capitales, pero la ola de inmigraciones comenzó a hacerse sentir, las antiguas repúblicas soviéticas eran disgregadas, el nivel económico e industrial como la décima potencia mundial de la poderosa Alemania Oriental (RDA) se transformaba a pasos agigantados en el de un país subdesarrollado.

El desempleo, la miseria, el hambre y otros fenómenos desconocidos hasta entonces en Europa oriental comienzan a entrelazarse con los aberrantes vicios, desviaciones morales y males sociales de occidente (drogas, alcohol, prostitución, mafias organizadas, especulación, cristianismo, etc). El resultado es el que vivimos actualmente. La grave recesión económica de toda Europa, Asia, Norteamérica, América Latina y África, que amenaza con convertirse en depresión y que es expresión de la crisis general del capitalismo, se engloba en una bomba de tiempo a punto de estallar, las rivalidades entre las potencias imperialistas se agudizan y nuevas y potentes economías imperialistas como la China se perfilan. Los aires de guerra se levantan en todo el mundo.

La crisis general del sistema capitalista que azota a los diferentes países de todos los continentes tiende a agudizarse, en un marco de agresiones imperialistas contra pueblos soberanos. Los obreros parecen haber salido del letargo sufrido tras la caída de la Urss y ahora, ante la imposibilidad del sistema capitalista de mejorar las condiciones de vida de las masas, estas buscan alternativas. Los movimientos sociales que se levantan actualmente en muchos países de Europa e inclusive en los Estados Unidos, (indignados) a pesar de luchar contra la miseria y las malas condiciones de vida a que les obliga a soportar el capitalismo, no tienen una brújula política que les indique como salir de este sistema burgués explotador. Más bien, muestran espontaneismo y desorganización, sin embargo, es esto una muestra de la decadencia del sistema.

Solo cabe preguntar ¿Es esto casual? No, similar situación se vivió entre 1910 y 1914 la cual llevó al mundo a la masacre de la primera guerra mundial. Igual situación se vivió en la década de 1930 antes de la segunda guerra imperialista mundial con “la gran depresión” de 1928. Es aquí, donde de forma científica podemos encontrar la actualidad y la necesidad de una revolución proletaria que de forma dialéctica, repita los sucesos de Rusia de hace 94 años, pero a una escala superior, a una escala planetaria comenzando por los eslabones más débiles del capitalismo que se encuentran en América Latina y Europa.

 


Un poco de historia

 El 7 de noviembre (25 de octubre según el calendario juliano) de 1917, se decretaba “todo el poder para los soviets”; el Partido Bolchevique encabezado por el gran Lenin conducía a la clase obrera rusa a la toma del poder político, comenzaba la primera revolución socialista en la historia de la humanidad. Nacionalización de la banca y la industria, expropiación de la burguesía, derechos como nunca antes se habían visto en la historia de la humanidad: legalización del aborto, educación gratuita, igualdad entre hijos legítimos y naturales, separación de la iglesia y el estado, etc., la base económica de Rusia era removida y destruida, barriendo así, radicalmente la supraestructura social hasta entonces conocida.

Las potencias imperialistas, estupefactas y agotadas no se podían quedar de brazos cruzados y, a pesar de haber salido de una guerra devastadora entre ellas (Primera guerra mundial), no estaban dispuestas a tolerar una revolución que amenazaba los cimientos del sistema capitalista. Cesaban los enfrentamientos entre las grandes potencias, ahora todas se unían y perfilaban sus cañones contra la Rusia Soviética. La primera guerra mundial cambiaba de contendientes, ahora todos contra el estado de los obreros.

La intervención directa y militar extranjera (ejércitos de 14 países entre ellos EE.UU. Inglaterra y Francia), asaltaban a la joven república obrera con la finalidad de derrocar el poder soviético. Los ejércitos blancos ultra reaccionarios hundían al país en una cruenta guerra civil liderados por fascistas como Aleksandr Kolchak, Anatoly Pepelyayev, Antón Denikin, Nikolai Nikolaevich Yudenich, entre otros. Pero el Ejército Rojo superó las dificultades, uno a uno los ejércitos internos y externos fueron derrotados por las fuerzas soviéticas. El saldo de muertes provocadas por la intervención imperialista en la Urss es desconocido, se calcula que las cifras superaron los diez millones. A pesar de la victoria del ejército rojo, lo que quedaba era un país en ruinas, sin medios de producción y sin trigo, una hambruna provocada por los fascistas amenazaba con acabar el estado de los sóviets aunada a los inviernos más helados de la historia de ese país. Todo esto, junto a la temprana muerte del gran Lenin no impidió la continuación del gran avance del proletariado.

Luego de la muerte de Lenin, comenzaron las pugnas entre las fracciones que se habían formado dentro del partido. Bukharin, Trotsky, Sinóviev, Radek entre otros reformistas y traidores se peleaban el liderato, intentaron por todos los medios dividir el Partido de Lenin y mantener las viejas y obsoletas relaciones de producción militar-feudales, pero el partido decidió por aplastante mayoría la dirección de José Stalin el 27 de octubre de 1926. A partir de ese momento, la Unión Soviética se la jugaba, o se industrializaba o sería destruida por el imperialismo, Rusia se encontraba medio siglo de retraso con respecto a los demás países adelantados, se necesitaba un plan, y el plan fue llevado a cabo de forma magnífica.

El encargado de continuar la obra de Lenin fue el Camarada Stalin, quien en un período increíblemente corto, logró construir junto al partido y los trabajadores, el socialismo científico. Se desarrolló la industria pesada y ligera, se industrializó, tecnificó y colectivizó el campo, las antiguas clases explotadoras (burguesía y terratenientes) fueron exterminadas por el pueblo trabajador. Todo ello permitió conseguir el desarrollo del país a pasos agigantados sin la traba que representa el parasitismo burgués y la obsoleta propiedad privada de la tierra y los medios de producción.

En el aspecto social, los trabajadores consiguieron importantes conquistas, ahora todo el pueblo tenía derecho a poseer la propiedad privada individual que había sido negada, ultrajada y violada por el capitalismo, derecho a tener casas, carros, y todas las comodidades que permiten al ser humano desarrollar su potencial creador a plenitud. Los trabajadores se esforzaban en sus faenas laborales y trabajaban horas extra voluntarias (sábados comunistas) con el mayor del entusiasmo, pues sabían que ahora lo hacía para el desarrollo de su patria y no para el bolsillo de un puñado de parásitos burgueses.

El primer paso era depurar el partido de elementos reformistas y de derecha con el objeto de tener una base sólida para las acciones futuras. De esa forma fue como se combatió el trotskismo, brazo de los servicios de inteligencia germano-japoneses hasta derrotarlo definitivamente en la depuración de los llamados juicios de Moscú en 1936. Con la certeza de mantener a raya al enemigo anticomunista interno (Trotskismo), y más, luego de haberlos destruido, los obreros organizados en la vanguardia comunista y con el poderoso aparato soviético ejecutaron los planes quinquenales, los pusieron en práctica.

Rusia a principios del siglo XX, era un país semifeudal, atrasado y con un 94% de la población en estado de analfabetismo. Los aperos utilizados en el campo eran los más rudimentarios de Europa, las técnicas de la agricultura eran las mismas del siglo XVII; sólo algunas ciudades y centros urbanos contaban con electricidad, no por nada, Lenin dijo “El socialismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país”. A esto debemos sumar los estragos de la guerra y el bloqueo que les imponían los imperialistas.

Ese país perdido en el tiempo, de los contrastes, ya en 1950 contaba con una sólida industria, con un desarrollo sorprendente en las áreas científicas (genética, química, biología etc.), en la ciencia (primer país en poner en órbita un satélite y el primer hombre en el espacio), en el área militar, alcanzaron a derrotar a la casi invencible Wermarch alemana (ejército de Hitler), la industria de un nivel medieval pasó a convertirse en una de las principales del mundo; el campo se tecnificó y se colectivizó la tierra; las mejoras en el nivel de vida fueron asombrosas. (Leer “Balance del primer plan quinquenal” de José Stalin).

Los capitalistas estaban aturdidos, lo que ellos habían tardado 300 o 400 años en construir, La URSS lo lograba en menos de 30 y más sorprendente aún, sin necesidad de explotar y saquear otras naciones como lo hicieron las potencias occidentales. Se hablaba de “un milagro”, el milagro soviético.

 Sabemos que no se debe a un milagro ni nada por el estilo, sino a un acertado plan socialista. El capitalismo nunca podrá igualar tal tarea, pero un partido fuerte apoyado en la clase obrera y en el exterminio de la burguesía y los terratenientes como clase, la centralización del crédito y el monopolio absoluto de la industria, el comercio y la banca puede perfectamente lograr ese desarrollo. Solo bajo el socialismo científico es posible la mejoría en las condiciones de vida de la humanidad, ninguna clase burguesa en el poder ha sido capaz de llevar a cabo tal gesta, solo la clase obrera en el poder, solo bajo la dictadura del proletariado es posible. La clase obrera que ha sido tan ultrajada y hemos sido tachados de incultos, demostramos que en unas cuantas décadas podemos hacer más que cualquier gobierno demócrata burgués “culto”.

En ese sentido, ni los burgueses e imperialistas fueron capaces de negar tal grado de desarrollo alcanzado por los proletarios organizados, el diario burgués Le Temps de Francia publicó en verano de 1932 en un artículo “el comunismo culmina a ritmo gigantesco la etapa de reestructuración, que en el régimen capitalista es preciso recorrer a paso lento… En Francia, donde la propiedad territorial está subdividida hasta el infinito entre los propietarios privados, es imposible mecanizar la agricultura; los soviets (consejos obreros), al industrializar su agricultura, han sabido resolver este problema… Los bolcheviques nos han ganado la partida”. (Citado por Stalin en “Balance del primer plan quinquenal”)

Ya en esa época, los burgueses no tuvieron otra opción que aceptar la superioridad del socialismo sobre el capitalismo. La expropiación y colectivización de la tierra, la tecnificación e industrialización del campo y con ello la eliminación paulatina de las diferencias entre este y la ciudad, son las acciones más acertadas si queremos salir del atraso técnico y obtener la tan necesaria soberanía alimentaria. Bajo el marco burgués, todos estos anhelos serán solo una ficción por el sencillo hecho de que los privados no ven la producción agrícola como una forma de contribuir a la colectividad, sino como un medio para lucrarse.

 Queda demostrado que la industrialización de la URSS, que el desarrollo de ese país en todos los sentidos se debe a que ya el estado no era el mismo, la base económica ya no la controlaban los mismos, todo eso se logró porque quienes gobernaban eran los obreros y no los burgueses, de otra manera hubiera resultado objetivamente imposible.

 


El colapso de la URSS

En 1953, muere el líder que llevó a cabo junto al partido y al pueblo trabajador la construcción del socialismo, José Stalin, quien sólo unos meses antes de morir, hablaba de una desviación dentro del partido comunista de la URSS; y que tal desviación de consolidar su plan llevaría a la Unión Soviética por el camino de la restauración del capitalismo. Stalin no pudo llevar a cabo su plan de purgar nuevamente al partido de los elementos desviacionistas, pues su fallecimiento se lo impidió.

Fue así como las teorías del leninismo nutridas por los valiosos aportes del camarada Stalin, la lucha de clases, la expropiación sin indemnización a los terratenientes y burgueses, la industrialización, la línea única en el partido, fusilamiento para los traidores de la causa proletaria, la planificación de la economía, fueron declarados por Nikita Jhrushov como una aberración. La corriente oportunista y procapitalista a la cual Stalin quería eliminar, triunfó y se estableció en el poder. Era el comienzo del fin de la Unión de las Repúblicas Soviéticas Socialistas.

Jhruschov elaboró su plan de golpe de estado afirmando que criticaba los errores de Stalin con el objetivo de "restablecer el leninismo". Gorbachov hizo las mismas promesas demagógicas para desorientar a la fuerzas de izquierdas, el resultado ha sido el que tenemos hoy día, con la coartada de restaurar el leninismo, ha hecho entrar al zarismo; bajo el pretexto de "mejorar el comunismo" se ha resucitado al capitalismo.

 En 1956, Jhrushov, líder del anticomunismo presentó ante el XX congreso del Partido Comunista de la U.S. Su infame “informe secreto”, donde se sentarían las bases de la restauración capitalista, en el país donde los obreros organizados ejercían el poder en las épocas de Lenin y Stalin.

De esa forma, a finales de la década de 1980 y principio de 1990, el revisionismo sembrado en 1956 con Jhrushov y otros traidores, había germinado en todas las esferas de la vida política del órgano del estado soviético. El representante de ese oportunismo era Mikhail Gorbachov, el cual, durante el 70 aniversario de la Revolución de Octubre pronunció un discurso que rechazaba la lucha antiimperialista y afirmaba que el imperialismo había renunciado a su carácter violento dentro de un mundo globalizado, en el que la Unión Soviética, los EEUU y otros países podrían cooperar por el interés común de la supervivencia de la humanidad. El congreso XXVIII del Partido Comunista de la URSS; rompía con todos los principios elementales del marxismo y el leninismo, el camino quedaba despejado para el golpe definitivo.

Yananiev y Yeltsin representantes del capitalismo en la Unión Soviética, haciendo gala del más rancio chauvinismo proclamaban una Rusia única y capitalista desligada de las demás repúblicas soviéticas, rápidamente, después de esta situación, la ofensiva fue general, Letonia, Georgia, Lituania, Ucrania y las demás repúblicas hicieron proclamas separatistas. En 1989 cae el muro de contención antifascista en Berlín y junto a él, todas las esperanzas del proletariado de esos países.

Ciertamente, a pesar de la naturaleza desviada y totalmente reformista de esos regímenes, gran parte de la clase obrera y el pueblo en general aún creía en ellos. Existe un mito muy divulgado entre los burgueses, izquierdistas, neo-revolucionarios, sigloventiuneros y otras especies de antimarxistas, de que el gobierno soviético no fue defendido por nadie, que los obreros no salieron a defender sus conquistas y que la reacción y el fascismo no tuvieron obstáculos para retomar el poder, en definitiva “entraron como Pedro por su casa”.

Esta argumentación no corresponde en lo más mínimo con la realidad y no hace más que coquetear con la propaganda burguesa anticomunista. Una cosa es que las masas trabajadoras no salieran a defender sus conquistas y otra muy distinta es que los medios de la burguesía en medio de su éxtasis reaccionario no transmitieran nada de eso, ¿o acaso nos olvidamos de los sucesos del 2002 en Venezuela y el papel de los medios?, la diferencia es que en nuestro país la derecha no logró avanzar y por eso salió a la luz la defensa del gobierno por parte de las masas populares, de lo contrario, de haber triunfado la derecha en nuestra patria, en muchos países del mundo se pensaría sobre Venezuela lo mismo que se piensa del papel de las masas en la caída de la URSS.

En la Alemania oriental, las masas salieron a las calles y fueron aplastadas por los reaccionarios con inaudita brutalidad, masacres que quedaron impunes y en el olvido con el complacimiento de la ONU y la mirada enamorada de los medios de la burguesía. En Rusia, recordamos el episodio conocido como el “octubre negro”, donde trabajadores defendían el último bastión del poder obrero, el Soviet supremo y el Consejo de Comisarios del Pueblo.

Boris Yeltsin trataba de consolidarse en el poder, el capitalismo aún no podía avanzar de la forma deseada para las potencias imperialistas quienes exigían a los golpistas la aplicación de medidas neoliberales, los principales obstáculos eran el Congreso de los Comisarios del pueblo y el Soviet supremo. Los decretos neoliberales de Yeltsin eran ilegítimos e ilegales, pues iban en contra de la constitución Soviética vigente hasta entonces, a lo que Yeltsin procedió a concluir su golpe de estado de manera descarada, ordenó la disolución del Soviet Supremo y del consejo de los Comisarios del Pueblo y proclamó de forma ilegal una nueva constitución.

El congreso como estaba estipulado dentro de las leyes soviéticas que no habían sido derogadas, rechazó el decreto presidencial y ordenó la inmediata destitución de Yeltsin como presidente, el cual se negó y desconoció el Soviet y el Consejo. Las protestas públicas contra el gobierno de Yeltsin tomaron las calles en Moscú. En la represión de las mismas se produjeron varios muertos, la sangre corría por las calles como muestra de que la democracia no admite “revoltosos”.

El ejército, bajo el control de Yeltsin, determinó el final de la crisis. Los diputados y centenares de obreros se encerraron en el edificio sede del Soviet supremo, y se dispusieron a resistir el asedio de las fuerzas bajo control del depuesto presidente. La semana siguiente las protestas populares contra Yeltsin y en apoyo al Soviet fueron creciendo. Alcanzaron el punto álgido el día 2 de octubre de 1993. Rusia se encontraba a las puertas de una guerra civil que amenazaba a los capitalistas con restaurar el Poder Soviético. En ese punto, las cúpulas militares mostraron su apoyo al depuesto presidente y este ordenó el desalojo del Soviet a la fuerza. La orden de Yeltsin se materializó mediante el bombardeo, mediante carros de combate y artillería del edificio sede de la soberanía popular. El Soviet supremo fue destruido y muchos de sus ocupantes, obreros y representantes de la soberanía popular, murieron en el ataque.

Para el 5 de octubre la resistencia a Yeltsin había sido destruida, una masacre de proporciones desconocidas ocurrió en muchas ciudades de Rusia. El conflicto, el conflicto fue el más grave sucedido en Moscú desde la Revolución Rusa de octubre de 1917. El número de muertos y desaparecidos sigue siendo un misterio.

Esto para nombrar los casos más emblemáticos, pero no fueron los únicos, en Rumania, Checoslovaquia (hoy República Checa y Eslovaquia) y todos los países de la ex-URSS, las masas salieron a defender la Revolución de Octubre, lo que ellos consideraban el legado de Lenin. Todo esto echa por tierra las palabras malintencionadas de algunos intelectuales modernos acerca de la conciencia revolucionaria de la clase obrera mundial. A pesar de que esos regímenes se desviaron a mediados del siglo XX, las masas populares tenían la certeza que el capitalismo significaría la destrucción de los intereses de la clase obrera.


Conclusión

 Los capitalistas y burgueses de todas partes del mundo celebraron hasta más no poder la caída del muro de contención antifascista y de la Unión Soviética. Las ideas del marxismo leninismo actualmente son atacadas en los medios de comunicación y en todas las esferas de la vida burguesa como las iglesias y las aulas universitarias; son calificadas como inservibles e irrealizables poniendo como prueba el fracaso de la URSS.

Debemos dejar claro que la caída del muro de resistencia antifascista y de la URSS, no es el fracaso del marxismo leninismo, sino del revisionismo, un plan ideado por el imperialismo para destruir el país de la dictadura del proletariado; apartándose del leninismo y el marxismo para dar entrada al capitalismo. El derrumbamiento de las estatuas de Stalin en 1956, era justificada con la excusa de volver al leninismo, en 1991, el derrumbe de las estatuas de Lenin era el resultado de esa “vuelta al leninismo”.

La dictadura del proletariado es requisito fundamental para la construcción del socialismo. Sin este poder, no se puede emprender una revolución socialista. Con este poder, Lenin pudo decretar la nacionalización de las tierras y los bienes de las clases explotadoras, y tomar el control de la economía. No podemos concebir que se nos quiera engañar con un supuesto socialismo construido en la base del marco burgués.

En ese sentido, debemos recordar la actitud de Lenin y los Bolcheviques ante el marco burgués de desarrollo. Ejerciendo la dictadura proletaria, los Bolcheviques disolvieron en enero de 1918 la Asamblea Constituyente, que había sido elegida después de la Revolución de Octubre pero que estaba dominada por los Social-revolucionarios y los Mencheviques, porque esa asamblea se negó a ratificar la Declaración de Derechos del pueblo trabajador y explotado. Posteriormente, los bolcheviques prohibieron a los partidos burgueses porque eran partidos comprometidos con la violencia contrarrevolucionaria y la guerra civil, y porque colaboraron con los intervencionistas extranjeros. Ejemplos como estos debemos tenerlos muy presentes a la hora de la construcción del socialismo, al enemigo de clase hay que destruirlo, las dos clases antagónicas no pueden converger en un mismo sistema de gobierno.

La dictadura clasista del proletariado no es más que una expresión del poder estatal necesario para destruir y sustituir el poder del estado o la dictadura clasista de la burguesía, y así llevar adelante la revolución socialista y evitar la recuperación del control sobre la sociedad por parte de los contrarrevolucionarios. La dictadura del proletariado, es al mismo tiempo una democracia proletaria y una democracia para el pueblo trabajador, para las masas de obreros y campesinos. Sin el ejercicio de la dictadura proletaria contra sus enemigos de clase, el proletariado y el pueblo trabajador no pueden disfrutar de una democracia para ellos mismos. La dictadura proletaria es el resultado de la forma más alta de democracia dentro de la sociedad dividida en clases: es en suma cuenta, el proceso revolucionario que derriba a la dictadura burguesa. Es la garantía de la democracia auténtica para el pueblo oprimido y explotado, contra los enemigos de clase internos y externos, las clases explotadoras locales y los imperialistas. Estos principios fueron abandonados por la camarilla soviética desde Jhrushov hasta Gorvachov y sustituídas por una caricatura llamada por ellos “Estado de todo el pueblo o popular”, he ahí la razón de la caída de la Unión Soviética.

Hoy más que nunca, las ideas del marxismo leninismo están siendo estudiadas por los obreros de todo el mundo, la situación de miseria en las masas, las crisis de superproducción relativa, en general, el fracaso del capitalismo, la inviabilidad del sistema del imperialismo para llevar al mundo por la senda del progreso. Todo esto es la prueba de la actualidad de las ideas del leninismo. La experiencia soviética de los Bolcheviques debe servirnos de ejemplo para los futuros combates por la construcción del socialismo y el comunismo.

Cuando la burguesía nos habla del fin del comunismo, en realidad nos está hablando del fracaso del revisionismo para reafirmar su odio a la gran obra realizada por Lenin, los Bolcheviques, y el proletariado ruso en octubre de 1917. Haciendo esto, piensan más en el porvenir que en el pasado. La burguesía nos quiere engañar diciéndonos que el marxismo leninismo ha muerto para siempre, pero lo hace porque sabe perfectamente que este tiene una gran vitalidad y actualidad.

Después de 22 años de la caída de la URSS, todas las contradicciones del sistema capitalista están más agudizadas que nunca. Una espantosa ventana de hambre, miseria, desempleo, guerras, recesión económica, se abre en la cara de los trabajadores de Europa, Latinoamérica, África, Asia y se postra en sus hombros; sólo el marxismo leninismo es capaz de mostrar cuál es la única vía de salida. Sólo el marxismo-leninismo puede aportar a las masas trabajadoras del mundo capitalista y a los pueblos oprimidos y dependientes, las armas para su liberación. Todo el alboroto sobre el fin del comunismo, lo que intenta es desarmar, (con la visión puesta en las grandes luchas futuras) a las masas oprimidas del mundo entero.

Los obreros y proletarios deben estar consientes que hoy es el momento, que debemos levantar las banderas del marxismo leninismo, las banderas de los Bolcheviques, sigamos el ejemplo de la Revolución de octubre de 1917 donde los proletarios organizados en una vanguardia comunista bajo la dirección de Lenin y Stalin conquistaron el poder político, construyeron el socialismo, instauraron la dictadura del proletariado contra los explotadores, terratenientes y latifundistas. Esa es la única vía para construir el socialismo, no existe otra.

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