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Las malcriadas, un símbolo de resistencia contra la prepotencia

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"La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente" Rosa Luxemburgo

Tenía 4 años cuando mis padres se compraron su vivienda, un departamento ubicado en el sur de Quito. Era parte de un conjunto habitacional construido por el gobierno, dirigido a los sectores populares y que no cubría todas las necesidades básicas como: transporte, electricidad, teléfono, seguridad y un sin número cosas más.

Por: Xavier Andocilla Rojas.

Es así que para tener electricidad las personas subían a los postes del alumbrado público y con  cable de energía en mano conectaban la luz a sus hogares, pero al día siguiente los empleados de la empresa eléctrica los desconectaban y el resto del día los moradores se quedaban sin luz. Al llegar la noche y los trabajadores retornaban a sus hogares, se veían con la dura tarea de colocar la energía eléctrica y realizar la rutina del poste.

Las personas que más sufrían, por la falta de este servicio básico, eran las mujeres y los niños, quienes pasaban la mayor parte del tiempo en los hogares y eran las principales responsables de realizar los trámites legales en la empresa eléctrica, eran también las personas a quienes las autoridades las maltrataban y no atendían sus demandas.

Un día, mientras me encontraba jugando con los niños del barrio, mi madre se reunía con el resto de mujeres. En esos tiempos no comprendía de lo que hablaban. Hoy recordando, creo haber escuchado algo, sobre la angustia de no resolver el problema de la luz. Al día siguiente nos reunieron a todos los niños en una sola casa, mi mamá se sacó su pañuelo y me dijo que no me olvide de utilizarlo, que cuide mi nariz de la sinusitis y luego salió.

Nosotros nos encontrábamos con el resguardo de una de las mujeres, en un departamentos lo suficientemente seguro para que no nos pase nada, pero también suficientemente cerca para auxiliarnos.

Recuerdo que me apegué  a la ventana y vi a mi madre, junto a las otras mujeres, salir del edificio y repartirse en grupos pequeños de dos, tres y hasta cuatro. Se colocaron en posiciones estratégicas. Después de unos minutos entró un grotesco carro azul de la empresa eléctrica y que se colocó al frente de uno de los postes de donde los moradores adquirían la luz. Se bajó uno de los empleados para colocar la escalara y retirar el alambre.

De repente los distintos grupos de mujeres se acercaron por diferentes lados del carro, una de ellas le arrancho las llaves del vehículo a uno de los empleados mientras otras rodeaban al resto de funcionarios e impedían que se escapen. Después de unos minutos de forcejeos, el carro  ingresó en el interior de uno de los parqueaderos de los multifamiliares.

Tardaron unos minutos pero al final llegó la policía y junto a ellos, los medios de comunicación. La policía armada hasta los dientes y predispuestos a utilizar sus herramientas para recuperar el vehículo. Las mujeres llevaban en sus manos ollas, tapas y cucharones. Predispuestas a enfrentar lo que suceda, valientes y aguerridas no tenían miedo a los uniformados quienes prepotentemente les agredían, les golpeaban y decían un sin número de cosas.

De todo lo que les decían, la más ridícula era la señalada por el capitán del operativo, quien de una forma arrogante les decía a las mujeres: "para que hacen esto sino van a conseguir nada. Nadie les va a escuchar si hacen las cosas por la violencia, tienen que hacer las cosas tranquilas, ustedes son unas damas y tienen que comportarse."

Mientras se producía el forcejeo, una de las mujeres se indignó y se subió al carro, con un impresionante voz señaló que estaban cansadas de no ser escuchadas, que han hecho todas las cosas legales y las autoridades no han resuelto su problema. La mujer mientras hablaba regresó a verle al jefe de la policía y dijo: "nosotras hemos decidido luchar porque es la única forma para ser escuchada en este país, protestar no nos hace ni más ni menos mujeres. Pero nos convierte en personas libres. Por lo que las autoridades corren dos riesgos, por un lado mandar a los policías todos los días para que resguarden el carro de la empresa o por otro resolver nuestro problema y dar la orden para la instalación de la energía eléctrica".

Al final del día, después de largas horas, los funcionarios públicos llegaron al barrio con el documento firmado para la inmediata instalación de la luz. Las mujeres de este barrio levantaron la voz con fuerza para que puedan ser escuchadas y resolver sus problemas.

Traigo a colación este ejemplo, y posiblemente me he alargado más de lo necesario en su explicación, pero en la actualidad las mismas frases absurdas del pasado son señalados como argumentos para desmerecer la lucha y desacreditar a las mujeres que protestan. Hace pocos días en el marco de un evento "académico", realizado en el Instituto de Altos Estudios Nacionales, activistas del movimiento de mujeres del Ecuador, protestaron contra la presencia de Erdogan, Presidente de Turquía. Ellas fueron agredidas salvajemente por integrantes de la seguridad turca.

Después de esta agresión el único argumento que esgrimió, el presidente de la república y su ministro de relaciones exteriores, fue el señalar que ellas son un grupo de "...malcriadas militantes  del MPD, que lo que buscan es que se rompa relaciones con Turquía... que no consiguen nada con estas cosas".

No me quiero referir a la violación de la soberanía nacional, porque de eso ya muchas personas se han referido y han criticado el hecho de que el gobierno botó a la basura la dignidad ecuatoriana y justificó su entrega a los turcos. Mas bien me quiero referir a dos hechos puntuales que la historia anteriormente contada demuestra fehacientemente su importancia.

En primer lugar, la lucha es la única arma que tienen los pueblos para conquistar victorias, así como las mujeres de aquel barrio de Quito consiguieron resolver sus necesidades, así también las mujeres que se levantaron a decirle asesino a Erdogan contaron con muchas victorias. Por un lado consiguieron denunciar a la llamada opinión pública la situación que vive el pueblo turco, lograron llamar la atención de los ecuatorianos y el mundo entero sobre la represión que se vive en ese país. Se solidarizando con los luchadores y los pueblos que han confrontado la represión y la tiranía. Por otro lado jaquearon al gobierno ecuatoriano y le obligaron a demostrar su verdadero rostro. Pero creo que lo fundamental que hicieron estas mujeres al realizar esta acción, es demostrar a los pueblos que no debe existir miedo cuando existen razones para luchar.

El segundo hecho es que no puede existir revolución sin la participación de las mujeres. La discriminación, las agresiones y la opresión del que son víctimas las convierte en actores fundamentales de la lucha.

Con el ejemplo que inicie este escrito me faltó señalar que aquellas mujeres no solo que consiguieron la energía eléctrica en sus hogares, sino que su organización y lucha les llevó a conseguir nuevas y más grandes reivindicaciones de lo que las generaciones presentes nos sentimos orgullosos de poder disfrutar.

Por otro lado las mujeres que le enfrentaron a Erdogan y le dijeron en su cara que es asesino, con su lucha dejaron sentado un gran símbolo, ya que las principales combatientes del Partido de Trabajadores del Kurdistan, que se ha levantado en armas y que se encuentran enfrentando a gobiernos como el de Turquía, son mujeres decididas a luchar contra la represión, por una sociedad diferente. Gran parte de las Unidades kurdas de Protección Popular (YPG) son integradas por secciones femeninas. Según un testimonio de las combatientes kurdas que se han unido a los YPG dice: "Nos hemos criado en una sociedad que obliga a la mujer a dedicarse únicamente a las tareas de la casa y en la que los hombres consideran a las mujeres como su propiedad, como un adorno, y no les permiten salir de casa. Para una mujer casarse es como caer prisionera. Considerando la mentalidad de nuestra sociedad, no se puede ni contemplar la posibilidad de que las mujeres casadas formen parte de las Unidades de Protección Femeninas. Queremos crear una nueva sociedad".

Muchas de las mujeres que son parte del combate, se han unido valientemente a enfrentar la represión. Su valor ha llegado a niveles que "los milicianos del Estado Islámico creen que si mueren en combate a manos de una mujer, sus almas arderán en el infierno..."*

Hoy les dijeron a estas mujeres que son malcriadas; pero esa clase de epítetos son características de todos aquellos que han desmerecido a las mujeres que combaten, que les han restado su valor y las desprecian. La loca le decían los fascistas españoles a la Pasionaria, las brujas nocturnas les decían los alemanes a las mujeres que les bombardeaban y les hacían temblar en Stalingrado.  Recordemos las acciones de represión contra cientos de mujeres como Rosa Luxemburgo quien fue derribada a culatazos por  los soldados y luego fusilada. Un disparo a quema ropa asesinó a Rosita Paredes.

Hoy les dicen malcriadas a quienes se levantan a luchar contra la prepotencia y la represión. Más que ser una palabra de descrédito, este es un símbolo de combate contra un gobierno que ha  impulsado la sumisión y el machismo como política de Estado, que ha reprimido a mujeres, a madres y profesionales, recordemos los casos de Mery Zamora, Lourdes Tiban, de las mariposas de Luluncoto, de las mujeres Zaraguros y muchas mujeres y personas más que este gobierno ha reprimido.

En todos los lugares y en todos los tiempos la libertad ha sido conquistada por mujeres luchadoras, la brillantes de sus acciones han sido producto de haber asumido la conciencia de la transformación y ella les ha permitido convertirse en una impresionante fuerza. Los cambios  han sido impulsados por las mujeres rebeldes y no por la sumisas.

* https://actualidad.rt.com/programas/especial/179183-mujeres-kurdas-guerra-isis-estado-islamico

                                    

Comentarios   

+1 #1 María Inés Tulcanaza 09-02-2016 21:43
Empecemos preguntándonos cómo puede llamarse este gobierno revolucionario si tiene todo el tinte fascista del gobierno de derecha turco ,por herencia las mujeres tenemos en nuestras venas sangre guerrera,venimos de otras mujeres rebeldes bravías liderezas que nos han dejado el legado de la lucha aquí y América Latina
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