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Crónica de El Niño extraordinario

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por Oswaldo Báez Tobar

el nioEl fenómeno de El Niño ocurrido entre 1982-1983 causó graves trastornos en el territorio continental e insular y tuvo fuertes repercusiones socioeconómicas y políticas, por lo que es preciso estar preparados frente a posibles riesgos futuros.

La temperatura del mar está subiendo en la bahía Academia. El mar se está recalentando. La temperatura del agua es superior al promedio de los años anteriores. Se aproxima un fenómeno Niño severo. Se advertía en forma insistente en la Estación Charles Darwin, en septiembre de 1982. ¿Pero, qué tan fuerte sería? Nadie podía predecir. Sólo los registros meteorológicos de los años 82 – 83 y la historia vivida en Galápagos y en el territorio continental ecuatoriano, dieron testimonio del fenómeno oceánico-atmosférico más extraordinario del siglo XX. En efecto, nadie podía predecirlo, pero se gestaba un Niño excepcional que no sólo afectaría al Pacífico oriental sino a todo el planeta.

¿Qué es el fenómeno de El Niño? Hasta hace poco se hablaba de la corriente del Niño, ahora se sabe que no es una corriente sino un fenómeno oceánico-atmosférico que consiste en la presencia en las costas noroccidentales de Sudamérica de una enorme masa de agua caliente, fuertes marejadas, elevación del nivel del mar. La elevación de la temperatura del agua, produce mayor evaporación, abundancia de lluvias en el océano, en la región litoral y en el interior. En los eventos más fuertes ocurren tempestades frecuentes, grandes inundaciones, desbordamientos de ríos… en suma, severos trastornos climáticos y ecológicos.

Estudios realizados durante y después de El Niño 82-83 en Galápagos y en el Ecuador continental revelaron efectos extraordinarios: El cambio de la temperatura y salinidad del mar produjo casi la extinción del plancton, la fauna marina sufrió gravemente por la falta de alimentos, muchos peces e invertebrados perecieron y junto a ellos también las aves marinas, los lobos y tortugas marinas. El mar se empobreció repentinamente. Muchas especies migratorias abandonaron el Archipiélago, las no migratorias como iguanas marina, cormoranes, pingüinos y otras vieron diezmadas sus poblaciones. En tierra firme, la vegetación creció exuberante hasta en las áreas normalmente secas; en cambio en las zonas húmedas, el exceso de precipitación causó destrucción en la comunidad vegetal, solo los herbívoros grandes como iguanas y tortugas disfrutaron el inesperado festín sin otros competidores.

El Niño afectó en forma diversa al mundo físico y biológico de las Galápagos. Hubo disminución drástica de varias poblaciones tanto marinas como terrestres, llegaron organismos exóticos, aumentó de la población de algunas especies, se afectaron los ciclos de reproducción así como el comportamiento.

La visita a las Islas antes y después de ese Niño excepcional nos permitió constatar que nuestras Galápagos habían cambiado mucho. En la comunidad biótica lo trascendental se habría operado en la genética de las poblaciones por causa de ese fenómeno natural, lo que sin duda habrá tenido efectos en la historia natural del Archipiélago. Pero lo que ocurrió en el territorio continental del Ecuador alcanzó dimensiones nunca antes registradas.

Efectos sociales, económicos y políticos nacionales

A los trastornos bioecológicos de El Niño 1982-1983 en el territorio insular hay que añadir los efectos de carácter social, económico y político en el país en general. La intensa y prolongada época lluviosa ocasionó inundaciones en el litoral ecuatoriano, marejadas, desbordamientos de ríos, alteraciones en la temperatura y salinidad del mar. Todo ello trajo consigo graves consecuencias para la economía del país.

En el trabajo titulado “Los desastres naturales 1982-1983” que apareció en la revista Planificación del CONADE en mayo de 1984, se resumieron los daños producidos por el desastre en los siguientes sectores:

Sector Social

La superficie total afectada se estimó en cerca de 15 % del territorio nacional, y la población damnificada en las provincias de Esmeraldas, Manabí, Guayas, El Oro, Los Ríos, Loja y Galápagos ascendió a casi un millón. Cerca de 5.700 viviendas de tipo mínimo sufrieron daños totales o parciales en la zona urbana, 8.000 del sector rural fueron afectadas severamente; además casi todo su menaje se perdió en la inundaciones. Aparte de la reconstrucción de tan elevado número de viviendas fue preciso reubicarlas en sitios más seguros en previsión de desastres similares, pues muchas viviendas se hallaban asentadas en lugares de alto riesgo como riberas de los ríos y esteros.

La destrucción de cultivos o su retraso, junto a la pérdida de cosechas determinó una drástica disminución de alimentos, el aumento de los precios y consecuentemente mayor deterioro de la dieta alimenticia. Si a esto se suma la crudeza de las condiciones climáticas y lo precario de la infraestructura de saneamiento ambiental, se encuentra lógica explicación para el aumento de la morbimortalidad de la población infantil y adulta, víctima de enfermedades gastrointestinales, pulmonares, dermatológicas como también las transmitidas por vectores como la malaria y el dengue que proliferaron después del desastre.

Los sistemas de provisión de agua potable de 29 poblaciones sufrieron daños y contaminación con aguas negras; el alcantarillado de 17 ciudades sufrió averías o flujo inverso de su contenido; los pozos sépticos se llenaron y rebosaron infectando todo el ambiente. La infraestructura de salud sufrió considerables daños: 19 hospitales y centros de salud resultaron afectados. Fue necesario intensificar las campañas de erradicación y control de enfermedades como la malaria y el dengue, para lo que se importó 400 toneladas de DDT. Numerosos edificios escolares sufrieron destrucción o deterioro al igual que el mobiliario y material didáctico. Innumerables vidas humanas cegó para siempre el desastre.

Sector Productivo

Las pérdidas mayores desde el punto de vista económico sufrieron el sector agropecuario. En el subsector agrícola se perdieron cosechas listas para ser levantadas, hubo destrucción de cultivos, reducción de rendimiento y retraso de otros; fue imposible sembrar en superficies considerables. Se vieron afectados especialmente los cultivos de soya, arroz, algodón, maíz y caña de azúcar. La producción exportable de cacao, banano y café arrojó grandes pérdidas.

La infraestructura agrícola, los sistemas de riego y drenaje, como las obras de defensa contra inundaciones se destruyeron en diverso grado, al igual que miles de hectáreas de pastos; el ganado vacuno pereció por las inundaciones o por falta de alimento; la producción porcina y la avicultura sufrieron pérdidas.

El sector pesquero fue también muy afectado, tanto por el aumento de la temperatura y la baja salinidad que determinó alta mortalidad y baja reproducción de muchas especies comerciales, como por la reducción de la captura para fines industriales a una tercera parte y de la pesca artesanal que bajó en un 60%, con enormes pérdidas para los pescadores.

El sector industrial fue golpeado severamente, tanto por los daños en la infraestructura como por la reducción de insumos y materia prima y por la baja de la productividad. Sufrieron en diversa magnitud las industrias azucarera, harinera, de pescado y conservas, las piladoras de arroz, las desmontadoras de algodón, las procesadoras de cacao…

Infraestructura

La red de carreteras sufrió daños en 1800 kilómetros. Diez puentes importantes se destruyeron total o parcialmente. Cerca de 5 mil Km. de caminos vecinales se vieron afectados y con ello las posibilidades de movilización de productos agropecuarios. La red de ferrocarriles se cortó en varios tramos por la destrucción de puentes y los derrumbes; como consecuencia de ello se cerró el tránsito entre Quito y Durán. En la Costa y en la Amazonía ocurrieron daños en los aeropuertos; en varias ciudades del país se produjeron daños de consideración en calles y avenidas, servicios públicos, en los sistemas de energía eléctrica, etc.

Si el fenómeno de El Niño produjo daños en la infraestructura vial, habitacional y productiva; para la población ecuatoriana, especialmente de la Costa, fue un azote de que se tradujo en mayor deterioro de la calidad de vida. El desastre dejó una fuerte recesión económica que tuvo repercusión en la política nacional; pues el denominado Frente de Reconstrucción Nacional triunfó en las elecciones de 1984 e instauró un régimen autoritario y represivo de triste recordación. En la memoria de los ecuatorianos quedó grabado el recuerdo de un fenómeno natural excepcional y trágico. Esperábamos que nunca más vuelva a ocurrir, pero entre los años 1997-1998 ocurrió un fenómeno Niño de similares características y parecidos efectos económicos, sociales y políticos.

El Niño es un fenómeno cíclico que se repite cada siete años, sin embargo cada 15 años ocurre un evento fuerte. Según datos del Centro Internacional de Investigación del Fenómeno de El Niño CIIFEN, los registros de la temperatura del Pacífico occidental entre abril y mayo fueron más altos que en años anteriores, por lo que se hablaba de la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno Niño extraordinario a finales del 2014 y principios del próximo año. Afortunadamente ese riesgo se ha reducido a 65% con lo cual se prevé un fenómeno moderado, pero Ecuador debería estar preparado. El Gobierno debería contar con una reserva económica para enfrentar desastres naturales.

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